En la vida. En el día a día. Un poco eso es lo que nos pasa cuando llega el momento de asumirlos. A decir verdad, es cierto lo que a veces se dice cuando se utiliza la frase “las cosas por algo ocurren”.

Quién sabe. Lo positivo es que si se observa el esfuerzo y la dedicación de una o varias personas el reconocimiento si se otorga llega de otra manera. Como un premio. Como una suerte de caricia para el alma. Los pies deben estar puestos siempre sobre la tierra. Entender que la responsabilidad es mayúscula es otro de los parámetros necesarios. Un gran ejército que hace girar un engranaje administrativo. Ser parte. Entender cómo vive el que tiene menos. El que es menos beneficiado o tenido en cuenta. Observar. Hacer silencio. Hablar cuando los permisos existen. Callar ante el dolor y la observación de los malos manejos. Una tarea para nada sencilla. Pasa el tiempo. La vista se cansa. La mente también. Pero alguna vez en este mundo egoísta, mezquino y apático alguien puede ver el trabajo. Alguien puede entender la capacidad. Que no se trae innata o que se cultiva. Capacitaciones. Estudiar siempre. Con la humildad de decir lo que no se sabe. Con la voluntad de querer aprender del que sabe. Respeto. Por el título de grado o el doctorado más encumbrado como por el que con su oficio se gana el pan cada día. La vida en los arrabales. Las experiencias de pasar ciertas necesidades visten a las personas de valorización por lo poco o mucho que se tenga. A veces impulsan a intentar ser mejores personas en todo sentido. Si eso se logra. El objetivo estará cumplido.